Al mirar atrás, a mi pasado, veo a mis amigos de la infancia, cuando todavía éramos inocentes. Ellos, que comulgaban, lo más grave que podían confesar era que tenían revistas porno.
Ahora, en cambio, me llegan noticias muy tristes de algunos de ellos. Drogas, delitos, cárcel... ¿Cómo se llega a eso? ¿Qué carácter, qué carencias, qué mentiras...? Ellos, sin duda, son los únicos culpables. Pero en aquellos años, en los primeros, poco parecía separarnos. Me pregunto cuándo y por qué salió a la superficie ese germen de maldad, que me entristece hondamente.
Amigos, estéis donde estéis, deseo que halléis el instante crucial en que todo hombre se reconoce a sí mismo, escucha su verdadero nombre por primera vez y para siempre, y descubre su propio camino.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario